miércoles, abril 30, 2008

RETROCEDER NUNCA....RENDIRSE JAMÁS

Había llegado al punto del “no retorno”. Estando allí, ya no había lugar a excusas para abortar la misión. El regreso sin cumplir la meta planeada hubiera significado una segura condena al ostracismo por parte de mis camaradas y un baño de deshonor. Tomé un breve descanso y aproveché para revisar mis herramientas. Tenía la linterna, las tenazas y el necesario morral que habría de serme vital en el lugar de acción. También tenía mi cuchillo de combate que utilizaría si las cosas no salían tal lo planeado. Contaba con toda la información necesaria que me permitiría no caer en manos del enemigo y aprovechar sus debilidades. Toda misión furtiva requiere de una paciente labor de inteligencia previa. Estudiar el terreno, observar el movimiento del enemigo, elegir la adecuada ruta para llegar y regresar del objetivo no es algo que se trate de “coser y cantar”. También el tiempo urgía, postergar unos días mas la misión significaba la perdida de utilidad del objetivo. Pero todo eso ya se había realizado. Era el momento de la acción. En la oscuridad de la noche abandoné el ultimo refugio seguro. De ahora en mas, dependía de mi coraje y mi habilidad. Con pasos cautelosos, me fui acercando a la meta. Llegando a la vera del camino, me agaché. Las luces de un vehículo se aproximaban. En veloz carrera me arroje sobre una zanja y caí en el barro, en medio de los carrizos que flanqueaban la misma. Me encogí todo lo que pude y esperé. Las luces pasaron pero no me vieron. Esperé unos minutos para que se alejen y despacio, empecé a arrastrarme cuerpo a tierra hacia la cerca de alambres que me separaba de la meta. El lodo se pegaba a mi rostro y extremidades y la vegetación putrefacta del suelo se adhería a mi ropa. Agitado, llegué a la cerca. A lo lejos se escuchaban las explosiones y las luces reverberaban en el firmamento. Con las tenazas, fui cortando uno por uno los alambres. Una vez que conseguí abrir una brecha del tamaño suficiente para que pueda pasar, sigilosamente ingresé en el campo enemigo. Estando quince metros adentro empecé mi trabajo. Tenía miedo, las patas me transpiraban y el frío sudor me recorría la espalda. Las explosiones se sucedían sin pausa y las sirenas atronaban el aire. Cumplida la misión, empecé el lento regreso por donde había venido. Tal vez me hayan traicionado los nervios y haya hecho demasiado ruido en la huida. Llegando a la cerca de alambre, un potente haz de luz me iluminó y luego sentí el tableteo de una Itaka mientras un terrible ardor crecía en mi jamón trasero izquierdo y las dentelladas del ovejero alemán me lastimaban el lomo. Dejé todas mis armas y solo atiné a correr lo mas rápido que podía mientras mi corazón y mis pulmones parecían a punto de estallar.. Luego de diez minutos de alocada carrera, llegué a donde había dejado la bicicleta y rajé para mi casa. En el trayecto pensaba....¿¿¿¿¿ Para que le hice caso a la Karen, para que????? . ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Ella fue la que me dijo que el gringo Porpatto se iba a pasar la Nochebuena a la casa de la cuñada y que al Batuque lo ataban de noche!!!!!!!!!!!..... ¡¡¡¡ Y resultó todo al revés!!!!... El gringo se quedó en casa y cuando escucho ruido en el maizal, soltó al Batuque, agarró la escopeta y se vino con el Rastrojero. Cuando me vió cerca del alambrado me arrimó dos cartuchazos cargados con sal y el Batuque se hizo la fiesta.....Encima perdí la bolsa llena de choclos y tengo que dormir boca abajo..... ¡¡¡¡¡¡Que mina pelotuda!!!!

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