miércoles, marzo 19, 2008

YO ACUSO (nuevamente)

Habiendo sido cruelmente vilipendiado, me veo obligado a defender mi buen nombre y olor con la única arma que se empuñar: LA VERDAD!!!!


Santa Fe Capital, verando de enero de 2008



Carta a M. Stanley Bing
Presidente del autoproclamado ombligo del universo, Ciudad de Rosario
Señor: Me permitís que, agradecido por la bondadosa acogida que me dispensasteis, me preocupe de vuestra gloria y os diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, esta amenazada por la más vergonzosa e imborrable mancha?
Habéis salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los corazones del mundo cibernetico. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la fiesta patriótica que, para celebrar el día de la Bandera realizaron como todos los años frente al Monumento a la Bandera, y os preparáis a presidir el solemne triunfo de Central sobre Ñuls en las próximas fechas, que coronará este gran siglo de trabajo, de verdad y de libertad. ¡Pero qué mancha de cieno sobre vuestro nombre -iba a decir sobre vuestro reino- puede imprimir este abominable genocidio contra los gatos! Por lo pronto, un consejo de guerra se atreve a absolver a Rosarioso, L.C.T.M y Anónimo (Adri), bofetada suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio; Rosario conserva esa mancha y la historia consignará que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra presidencia.
Puesto que se ha obrado tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y la diré si antes no lo hace el tribunal con toda claridad.
Es mi deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría el espectro del inocente gato cocinado que expía a lo lejos cruelmente torturado, un crimen que no ha cometido.
Por eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi rebelión de cerdo honrado. Estoy convencido de que ignoráis lo que ocurre. ¿Y a quién denunciar las infamias de esa turba malhechora de verdaderos culpables sino al primer magistrado de la ciudad?
Ante todo, la verdad acerca del proceso y de la condenación de Micifuz.
Un hombre nefasto ha conducido la trama; el coronel Paty de Swift, entonces matarife. Él representa por sí solo el asunto Micifuz; no se le conocerá bien hasta que una investigación leal determine claramente sus actos y sus responsabilidades. Aparece como un espíritu borroso, complicado, lleno de intrigas novelescas, complaciéndose con recursos de folletín, papeles robados, cartas anónimas, citas misteriosas en lugares desiertos, mujeres enmascaradas y gatos escabechados. Él imaginó lo de dictarle a Micifuz la nota sospechosa, él concibió la idea de escabecharlos, rostisarlos, confitarlos, guisarlos, embutirlos, asarlos, empanarlos, observarlos en una habitación revestida de espejos, es a él a quien nos presenta el comandante Forzineti, armado de una linterna sorda, pretendiendo hacerse conducir junto al acusado, que dormía, para proyectar sobre su rostro un brusco chorro de luz para sorprender su crimen en su angustioso despertar. Y no hay para que diga yo todo: busquen y encontrarán cuanto haga falta. Yo declaro sencillamente que el comandante Paty de Swift, encargado de instruir el proceso Micifuz y considerado en su misión judicial, es en el orden de fechas y responsabilidades el primer culpable del espantoso error gastronomico que se ha cometido, llevando al matadero a miles de gatos rosarinos
La nota sospechosa estaba ya, desde hace algún tiempo, entre las manos del coronel Matute, jefe del Negociado de Informaciones, que murió poco después, de una parálisis general cuando se atragantó con una costilla de la Gata Flora. Hubo fugas, desaparecieron gatos (como siguen desapareciendo aún), y el autor de la nota sospechosa era buscado cuando se afirmó a priori que no podía ser más que un pobre de una villa miseria, y precisamente del cuerpo de cirujas; doble error manifiesto que prueba el espíritu superficial con que se estudió la nota sospechosa, puesto que un detenido examen demuestra que no podía tratarse más que de toda la población rosarina la que se morfaba los gatos.
Se procedió a un minucioso registro; examinándose las imágenes; aquello era como un secreto de familia y se buscaba al traidor en las mismas oficinas para sorprenderlo y expulsarlo. Desde que una sospecha ligera recayó sobre Micifuz, aparece el comandante Paty de Swift, que se esfuerza en confundirlo y en hacerle declarar a su antojo.
Aparecen también el ministro de la Guerra, el general Usandizaga, cuya inteligencia debe ser muy mediana, el jefe de Estado Mayor, general Motors, que habrá cedido a su pasión clerical, y el general Gansó, cuya conciencia elástica pudo acomodarse a muchas cosas.
Pero en el fondo de todo esto no hay más que el comandante Paty de Swift que a todos los maneja y hasta los hipnotiza, porque se ocupa también de ciencias ocultas, y conversa con los espíritus.
Parecen inverosímiles las pruebas a que se ha sometido al desdichado Micifuz, los lazos en que se ha querido hacerle caer, las investigaciones desatinadas, las combinaciones monstruosas... ¡qué denuncia tan cruel!
¡Ah! Por lo que respecta a esa primera parte, es una pesadilla insufrible, para quien esta al corriente de sus detalles verdaderos.
El comandante Paty de Swift prende a Micifuz y lo incomunica. Corre después en busca de la señora de Micifuz y le infunde terror, previniéndola de que, si habla, su esposo se convertirá en una rica milanesa de gato. Entre tanto, el desdichado felino se arranca la carne y proclama con alaridos su inocencia, mientras la instrucción del proceso se hace como una crónica del siglo XV, en el misterio, con una terrible complicación de expedientes, todo basado en una sospecha infantil, en la nota sospechosa, imbécil, que no era solamente una traición vulgar, era también un estúpido engaño, porque los famosos secretos vendidos eran tan inútiles que apenas tenían valor. Si yo insisto, es porque veo en este germen, de donde saldrá más adelante el verdadero crimen, la espantosa negación de los hechos, que afecta profundamente a nuestra Provinciaa. Quisiera hacer palpable cómo pudo ser posible el error judicial, cómo nació de las maquinaciones del comandante Paty de Swift y como los generales Usandizaga, Motors y Gansó, sorprendidos al principio, han ido comprometiendo poco a poco su responsabilidad en este error, que más tarde impusieron como una verdad santa, una verdad indiscutible, desde luego, solo hubo de su parte incuria y torpeza; cuando más, cedieran a las pasiones gastronomicas por los gatos y a prejuicios de sus investiduras. ¡Y vayan siguiendo las torpezas!
Cuando aparece Micifuz ante el Consejo de Guerra, exigen el secreto más absoluto. Si un traidor hubiese abierto las fronteras al enemigo para conducir al emperador de Rio Cuarto hasta Nuestra Señora de Echesortu, no se hubieran tomado mayores precauciones de silencio y misterio.
Se murmuran hechos terribles, parrandas monstruosas y, naturalmente, la Nación se inclina llena de estupor, no halla castigo bastante severo, aplaudir la degradación pública, gozar viendo al culpable sobre su roca de infamia devorado por los remordimientos...
¿Luego es verdad que existen cosas indecibles, dañinas, capaces de revolver el estomago de toda Argentina y que ha sido preciso para evitar grandes desdichas enterrar en el mayor secreto estas comilonas de gatos en Rosario? ¡Si! Detrás de tanto misterio solo se hallan las pasiones desenfrenadas de los ciudadanos de Rosario por lastrarse cuanto gato camina por el planeta. Todo esto no tiene otro objeto que ocultar la más inverosímil matanza de gatos para destinarlos a la pantagruelica adicción a su carne. Para asegurarse, basta estudiar atentamente el video donde se observa como se lo lastran al Con Botas en la villa rosarina.
¡Ah! ¡Cuánta vaciedad! Parece mentira que con semejantes imágenes pretendan los rosarinos negar su reprobable vicio. Dudo que las gentes honradas pudiesen verlas sin que su alma se llene de indignación y sin que se asome a sus labios un grito de rebeldía, imaginando el cruel destino de los mininos rosarinos.
He aquí, señor Presidente, los hechos que demuestran cómo pudo cometerse semejante gaticidiol. Y las pruebas morales, como la posición social de Micifuz, su fortuna, su continuo clamor de inocencia, la falta de motivos justificados, acaban de ofrecerlo como una víctima de las extraordinarias maquinaciones de los gaticidas, y del odio a los puercos que deshonran nuestra época.
¡Esa verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos ahora humilladas y desconocidas! Imagino el desencanto que padecerá sin duda el alma de muchos argentinos, y los creo atormentado por los remordimientos de no haber procedido revolucionariamente cuando vieron que a Con Botas lo convirtieron en puchero el día que lo filmó Canal 13. Creyó que la verdad brillaría por si sola, que se juzgaria sumariamente a los responsable, y esta confianza lo ha castigado cruelmente.. Hay, pues, muchas víctimas; muchos gatos que por desgracia nacieron y nacen en Rosario y van a parar al asador (parafraseando al Marti Fierro), muchos gatos honrados y leales, muchos mininos de corazones nobles y sencillos, que confiaban en Dios, mientras los cocineros hacian de las suyas en Rosagasario. Y hasta hemos visto a un centrojas de Ñuls en este acto innoble: embaularse un sushi felino con un gesto de cruel placer. Afirmo que esto es un crimen más, un crimen que subleva la conciencia universal.
Tal es la verdad, señor Presidente, verdad tan espantosa, que no dudo quede como una mancha en vuestra ciudad. Supongo que no tengáis ningún poder en este asunto, que seáis un prisionero de la Constitución y de la gente que os rodea; pero tenéis un deber de hombre en el cual meditaréis cumpliéndolo, sin duda honradamente. No creáis que desespero del triunfo; lo repito con una certeza que no permite la menor vacilación; la verdad avanza y nadie podrá contenerla.

Hasta hoy no principia el proceso, pues hasta hoy no han quedado deslindadas las posiciones de cada uno; a un lado los culpables, que no quieren la luz; al otro los justicieros que daremos la vida porque la luz se haga. Cuanto más duramente se oprime la verdad, más fuerza toma, y la explosión será terrible. Veremos como se prepara el más ruidoso de los desastres.

Señor Presidente, concluyamos, que ya es tiempo.

Yo acuso al teniente coronel Paty de Swift de ser el autor intelectual del gaticidio Rosarino

Acuso a Rosarioso, por haberse hecho cómplice, al menos por debilidad, de una de las mayores iniquidades del siglo.

Acuso a L.C.T.M. de desayunar croissant calentitas con paté de gato.

Acuso al Capitan Piluso y a su ayudante Coquito de mandarse todas las tardes unos churrascos de gatos siameses

Acuso a Anonimo (Adri) de impartir cursos acelerados acerca del mejor metodo para cocinar gatos titulado “ Convierta a su lindo gatito en un rico bifecito".

Acuso Paladini de rellenar con tripas de gato a la mortadela barata.

Acuso a todos los rosarinos de negar su afición a comerse los gatos.

No ignoro que, al formular estas acusaciones, arrojo sobre mí los artículos 30 y 31 de la Ley de Prensa del 29 de julio de 1881, que se refieren a los delitos de difamación. Y voluntariamente me pongo a disposición de los Tribunales.

En cuanto a las personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las considero como entidades, como espíritus de maleficencia social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de la justicia.

Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la felinidad, que ha sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a los Tribunales y que me juzguen públicamente.

Así lo espero.
Émile Razorback
Santa Fe de la Veracruz, verano de 2008



FIN

Inspirado en este texto.