viernes, agosto 04, 2006

SIEMPRE PAGO EL PATO

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Aceleré a fondo. No me gustan las medias tintas. La Zanellita 50 cc rugía. A 15 km/h (anda medio floja de aros) la maquina trepidaba por los manchones de la cubierta recapada y con la Karen atrás, íba haciendo willi. Habíamos salido temprano rumbo a Aldao a la Fiesta del Capeletin, 10 horas antes (son como 120 Kms y andando a 15 km/h teníamos que ser precavidos). Debido a la inusual temperatura, impropia del invierno, decidí ir con una musculosa y campera de cuero. Llegando a Rafaela, cambió el viento y empezó soplar un pampero frío que yelaba los huesos. Decidimos parar y tomar una bebida que reconstituyera nuestro espíritu y seguir viaje. Después de dos porrones de ginebra Bols (tenemos smowing), seguimos viaje. La baja temperatura reinante y la alta graduación de la ginebra empezaron a hacer efectos. Mis patas delanteras se transformaron en dos vigas de hormigón, el cuello se convirtió en un bloque de piedra de las pirámides egipcias y la colita en un resorte de amortiguador. Un camión, lleno de gallinas, me spbrepasó y con el plumerio que largaba se me taparon las antiparras. No veía bien y fuimos a parar a la cuneta que estaba llena de cardos que nos cagaron pinchando. Perdimos un montón de tiempo, casi dos horas sacándonos las espinas.
Apurados, salimos como pudimos. Es notable como viajan los autos y camiones, todos de a dos, lo mismo la ruta, antes tenía dos carriles y ahora se había transformado en una autopista. Se lo comenté a la Karen...ella me dijo que del pedo que tenía veía doble y que además íbamos en contramano (las mujeres siempre ven el lado negativo de las cosas) y que cruzara de carril que venía un colectivo doble camello de “La Veloz del Norte”..
A eso de las 22.00 al fin llegamos a Aldao...hacia 2 grados y yo con musculosa. Enfilé la Zanellita hacia el patio del club donde se hacia la fiesta y donde estaban los cocineros con sus útiles. Todavía tengo dudas acerca de lo que pasó, si fue una falla mecánica o si el frío me jugó una mala pasada, pero cuando quise frenar, la moto no respondió, intenté nuevamente y la rueda delantera se clavó en la estaca que sostenía los tirantes de la carpa gigante donde estaba la gente. Con la brusca frenada, la Karen, tal aguila guerrera, audaz se elevó y se zambulló de cabeza en la olla de 150 litros de donde se cocinaba el estofado. La carpa se cayó encima de la gente. Era una risa, todos lloraban. Los organizadores tomaron mal este suceso y se me vinieron al humo. Lo mío no fue cobardía, fue una retirada estratégica. Salí cagando con la motito. Tenía hambre. Paré en Nuevo Torino y en el boliche de mi primo me comí una parrillada completa con dos tubos de tinto. Estaba indignado, culpa de la Karen me quedé sin comer los capeletinis. Ahora no se lo que le pasa, no me devuelve las llamadas.

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